JUAN MARIA DE LA MENNAIS II

Acabo de terminar la lectura del libro que cité en la anterior entrada, “Juan María de la Mennais”, del Hermano Josu Fernández Olabarrieta.

Un relato apasionado de una vida apasionante, la vida del fundador de los Menesianos (Hermanos de la Instrucción cristiana).

En un contexto muy complicado para la Iglesia, los tiempos de la Revolución Francesa (1789) y sobre todo en la post revolución, Juan María vive unas circunstancias muy difíciles.

 El libro sitúa de manera muy lúcida el contexto vital del personaje en los tiempos de la revolución y los años venideros. Los títulos nobiliarios se suprimen, los bienes de la Iglesia en Francia se ponen a disposición de la Nación para la extinción de la deuda, con el beneplácito del obispo de Autun. Se suprimen las Órdenes Religiosas de votos solemnes, se prohíbe la admisión de Novicios, se proclama la Constitución Civil del Clero. Ésta última proclama la remodelación de las diócesis, que los obispos sea elegidos por los ciudadanos del departamento, que el cuerpo electoral de cada distrito elegirá a los párrocos… Roma condena como cismática y herética la Constitución Civil.

Esto produce una honda y grave división en el clero. Los sacerdotes juramentados, que aceptarán la Constitución Civil del Clero y los sacerdotes clandestinos, que no la aceptarán. Éstos últimos serán perseguidos, exiliados, humillados…

Es en medio de esta vorágine criminal en la Juan María decide ser sacerdote. Vivirá permanentemente en su vida esta tensión, esta fractura… pero soñando en una Iglesia más evangélica, más humilde, más cercana a los pobres.

A lo largo de su vida va teniendo y desarrollando una serie de intuiciones muy clarividentes y ciertamente todavía hoy vigentes y realistas:

  1. Lo primero son los niños y por ellos debe hacerse todo. Es por esto que Juan María inventa la estructura de la “permanencia” para que los alumnos que viven lejos del colegio puedan estudiar (los internados estaban prohibidos). Al tiempo organiza una manera de que los niños puedan comer en el colegio. Lo importantes es que los niños puedan estudiar de manera reglada y seria.

  2. La educación debe ser de toda la persona (“del hombre entero”), de todas sus dimensiones y abiertos también al modelo último de persona que es Jesús de Nazaret.

  3. Los educadores no deben caer en el funcionariado, no son mercenarios de la instrucción, sino comunicadores y educadores con una misión muy clara: hacer personas plenas, no sólo sabios.

  4. La educación debe basarse en la virtud, en los valores verdaderos, en el amor. La escuela debe ser un lugar donde se experimenta el amor, donde los no amados (abandonados, marginados, excluidos) sientan que son amados, donde se cuenta con los que no cuentan para nadie…

  5. La escuela debe tener un ordenamiento disciplinar pero aplicado desde la dulzura. Es imprescindible combinar dulzura y firmeza. El respeto y la paciencia deben transitar en toda acción educativa, en todo comportamiento del maestro.

  6. Pedagogía del ángel: Igual que los ángeles custodian sin descanso, los maestros deben tener una presencia constante, atenta, delicada entre los niños. Se es ángel en la acogida, escucha, presencia, cercanía, preocupación… por los alumnos.

  7. Los profesores deben tener una formación seria, constante, rigurosa y orientada a su misión. Su formación debe estar adaptada a las necesidades de los alumnos y las necesidades de la sociedad.

  8. Debe existir en la sociedad una efectiva libertad de enseñanza, en la que sean los padres quienes eligen la educación que quieres para sus hijos e hijas.

  9. Los programas educativos deben ser plurales, capaces de adaptarse al entorno cultural y social, a las exigencias de cada lugar.

  10. Lo importante no son los títulos, sino la formación.

Juan María muere con 80 años, el 26 de diciembre de 1860. Muere tras una vida gastada en la labor educativa, la labor fundacional, la labor administrativa, la labor cristiana de crear un mundo mejor.

 

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