A PROPÓSITO DEL DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Hoy es domingo de resurrección. Ayer en la celebración de la Vigilia Pascual el fuego era protagonista dando luz en la oscuridad de la noche. Esa noche que nos envuelve y que tanto nos hemos empeñado los humanos en ocultar por medio de la luz artificial.
La oscuridad y la luz ciertamente tienen connotaciones de todo tipo y condición, hasta llegar a las morales y espirituales.
Estos días he estado pensando en las oscuridades y luces de nuestro tiempo. Y no sé muy bien porqué he acabado pensando en la falta de hijos que tiene Europa. Ayer mismo, tras quedar con unos amigos, salió la conversación de los hijos. Comentaron que no quieren tener más de uno porque llevan vidas muy complicadas. La semana pasada coincidí con una pareja que hacía tiempo que no veía y también salió el tema… me comentaron que no les llama el tema de ser padres, que no se ven como padres.
¿Qué está pasando? A la luz de las velas de la Vigilia Pascual pensé en que vivimos en un tiempo de muchas inseguridades, unido a un tiempo muy individualista y que no se sacrifica por nada.
Ciertamente es legítimo que una pareja decida no tener descendencia pero ¿a qué se debe?
Muchas son las respuestas que podríamos dar y supongo que de todo tipo.
Hay razones de tipo biológico-cultural.No casamos o juntamos en pareja tarde desde el punto de vista biológico, lo cual hace que tengamos a los hijos biológicamente tarde. Esto complica todo. Cierto que culturalmente tener hijos antes es una auténtica debacle, debido a las consecuencias que acarrea, pero la biología no entiende de razones culturales. Al tener los hijos ya no tenemos la fortaleza ni la flexibilidad de la juventud, los abuelos son ya muy mayores y todo se complica.
Hay razones de tipo sociológico. Las mujeres se han emancipado y tienen carreras profesionales importantes y con impacto social considerable. Cierto que esto no es malo, es más, es algo a incentivar, pero no hemos dado con la solución al problema que genera. No podemos estar con los hijos y criarlos presencialmente. Los roles del hombre y la mujer en la sociedad y la familia han cambiado y no tenemos una alternativa válida universalizable en nuestra sociedad. Ciertamente la tentación de volver a los roles tradiciones del hombre y la mujer están ahí, pero no creo que sea la solución. Sin embargo hay que dar una solución a este tema porque nos jugamos mucho en ello. Los hijos no pueden cuidarse solos y si no resolvemos la conciliación entre la vida labora y la familiar difícilmente una pareja se animará a tener hijos.
Hay razones de tipo axiológico. Los valores de las personas han cambiado. Ahora somos mucho más individualistas. Miramos por nosotros y nada más. Hemos sido educados en la promoción de nuestras carreras personales. Esto no está mal, de hecho fue una conquista que empezó con el renacimiento en el siglo XVI, pero si no lo compensamos con otros valores como la solidaridad, acabamos perdiendo la perspectiva social. Supongo que a esto hay que unirle el hedonismo predominante. Las personas buscamos nuestra propia satisfacción y comodidad, sin reparar en la de los demás. Como consecuencia hemos perdido en gran medida la capacidad de sacrificio. En la Vigilia Pascual no para de pensar en el sacrificio. Nunca me ha gustado la interpretación sacrificial de la muerte de Cristo, siempre he preferido el amor como valor que salva a la muerte y el sufrimiento. Pero he de reconocer que un cierto sacrificio, entendido como el no lograr toda la comodidad y satisfacción que me propongo, es necesaria para poder vivir en sociedad y para construir una sociedad mejor. “Los hijos nos quitan mucho tiempo” se oye siempre que sale esta conversación. ¿Nos quitan o lo invertimos?
Hay razones que vienen de la crisis económico-financiera en la que estamos. “Afectará al número de niños que nazcan, tanto de madres españolas como extranjeras en los próximos años, y además, habrá menos inmigrantes en ese periodo”, explica la demógrafa del CSIC Margarita Delgado, que se alegra de que el INE haya sacado esta proyección a 10 años, una herramienta muy útil. Delgado es aún algo más pesimista con la tasa de fecundidad que la previsión del INE, “aunque ésta es moderada”. El instituto calcula que la tasa pasará de 1,39 hijos por mujer a un promedio de 1,46 y esta experta cree que puede ser “incluso menor”. La edad media de la maternidad se estabiliza en 31 años, de las más altas de Europa.
O invertimos esta tendencia de manera realista y plausible, con políticas que vayan en esta dirección, con campañas que generen valores en este sentido, con propuestas culturales activas que intenten generar otro caldo de cultivo, o lo tenemos muy negro.
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