¿BENDITA O MALDITA CRISIS?

F. Allende, autor del artículoArtículo de Fernando Allende… merece la pena sacar un ratillo para leerlo:

Maldita crisis

que devora a sus hijos –es caníbal- y que a tantos y tantas “descarta”, deja al borde del camino o en las aguas del Mediterráneo.

Maldita ella que provoca tal cantidad de angustia, de tristeza así como de comportamientos egoístas.

Maldita crisis que abre la brecha, ¡el abismo! entre grupos sociales y entre países. El informe de Intermon  Oxfam es demoledor: La desigualdad económica, considerada la enfermedad del siglo XXI, es uno de los grandes retos que hoy amenaza el progreso de la humanidad hacia sociedades más equitativas, justas y democráticas. Hoy la mitad de la renta mundial está en manos del 1% más rico de la población, cuya riqueza asciende a 110 billones de dólares, una cifra 65 veces mayor que el total de la riqueza que posee la mitad más pobre de la población mundial.

Maldita crisis que pone en riesgo la cohesión social de nuestra sociedad, que pone en riesgo la convivencia. Que acaba con los esfuerzos de tantos años buscando construir una sociedad más equilibrada.

Maldita crisis que has metido el miedo en el cuerpo a tantos y tantos, que has robado la esperanza y la alegría, que a tantos “aplasta” y paraliza.

 Bendita crisis  que

1) nos ha abierto los ojos, nuevamente, a muchos; nos ha despertado, nos ha sacado de una cierta “inocencia indolora” en la que nos movíamos;  que nos ha ayudado a caer en la cuenta de realidades que teníamos “olvidadas”: como las “estructuras de pecado” o recordar que la crisis es como un iceberg: vemos una pequeña manifestación exterior, pero el problema es la “masa sumergida y oculta” , la cuestión “es el sistema.”

2) nos está cuestionando nuestra manera de “saber vivir”, de acertar en el “bien vivir”, en nuestra condición de “vividores”, como decía José Luis Sampedro, en una entrevista sobre “El río que nos lleva”: eran gentes agarradas a la vida y que sabían que el vivir dependía de la solidaridad/fraternidad manifestada sobre  los troncos en el río. Nos ha puesto de manifiesto tanto individualismo posesivo que engrasa el sistema.  El obispo de Roma, Francisco, escribe en su exhortación sobre La alegría del Evangelio: 2. El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente.

3) nos ha avivado el fuego del Espíritu, ese Espíritu que me dice por Mario Benedetti: “No te rindas”, o me despierta con el Salmo 14, o me hace recordar que fui llamado a ser “pescador de hombres”, que este era mi/nuestro nuevo oficio: “sacar”, liberar a las personas de las situaciones de mal. Una situación que me ha hecho recordar (Francisco nos invita a ser “memoriosos”) otros tiempos en Madrid cuando compaginaba el ver, compartir y reflexionar viviendo en la periferia (viendo, compartiendo y afrontando las situaciones de pobreza escandalosa) a la vez que en la facultad de Ciencias Políticas se abría el pensamiento de aquel joven burgués bilbaíno que hasta entones “no se había enterado”.

4) también es verdad que la situación ha reactivado capacidades solidarias en muchas personas. No sólo “indignación” sino también compromiso, acción “política”, en cuanto preocupación por la cosa de todos, en cuanto cuidado del otro, Los comportamientos y las actitudes “alocéntricas” también han sido despertadas, puestas alertas y ejercitadas. Por aquí parece que volvemos a encontrarnos con Francisco en el siguiente texto que recoge un pensamiento del Documento de Aparecida: 10. La propuesta es vivir en un nivel superior, pero no con menor intensidad: «La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás”.

5. Bendita crisis que ha hecho que entre en crisis la ciudad alegre y confiada, nuestra fortaleza del norte, bien protegida frente a las “invasiones” ha mostrado sus grietas, sus heridas. El rey estaba desnudo y había demasiado maquillaje. El “estado de bienestar” no es el “estado de justicia”. Lo nuestro no era “desarrollo” sino “crecimiento” como ya nos avisaban por los años setenta tantos economistas sensatos: desde Celso Furtado a José Luis Sampedro-

Antes de seguir un alto en el camino para acoger a Benedetti y al salmista, dos textos que me “asaltaron” cuando me hablaron de escribir estas letras.

El texto del salmo 14  en la “traducción” de Manolo Regal:

“Dice el necio en su interior / “¡No existe Dios!

Corrompida está esa gente, da pena su conducta / no hay quien haga el bien.

El Señor observa a los seres humanos con amor / para ver si hay alguna persona sensata, / alguien que busque a Dios.

Todos están descarriados / todos a una pervertidos. / No hay quien haga el bien / ni uno siquiera/

¿No aprenderá la gente malhechora / que devora a mi pueblo como pan / y no invoca al Señor?

¡Ojalá descubran algún día / que Dios está por la justicia! /la causa de la gente pobre os confunde / porque el Señor es su refugio.

¿Quién traerá liberación a nuestra tierra? / Cuando acojamos el don que Dios nos da / gozará la gente en medio de su pueblo”.

Mario Benedetti.

No te rindas

No te rindas, aun estas a tiempo /de alcanzar y comenzar de nuevo,

aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, / liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso, / continuar el viaje,

perseguir tus sueños, / destrabar el tiempo,/ correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,/ aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda, / aunque el sol se esconda y se calle el viento, / aun hay fuego en tu alma, / aun hay vida en tus sueños, /porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,

porque lo has querido y porque te quiero.

(…)

Vivir la vida y aceptar el reto, / recuperar la risa, ensayar el canto,

bajar la guardia y extender las manos,

desplegar las alas e intentar de nuevo,

celebrar la vida y retomar los cielos,

No te rindas por favor no cedas, / (…)

porque cada día es un comienzo,

porque esta es la hora y el mejor momento, / porque no estás sola,

porque yo te quiero.

Buscando una respuesta.

Y desde aquí uno empieza a hacer memoria.  ¿No es el creyente realmente “memorioso” como se nos recuerda desde Roma? Es bueno “re-cor-dar”, traer al corazón los recuerdos que nos hacen vivir, porque nos hicieron vivir y en ellos el Señor nos sostuvo. Es bueno hacer “memorias acumuladas” de la presencia del Señor, siempre y más en tiempos de noche.

¿Cómo he reaccionado más allá se sentirme fatal, de indignarme, de preguntarme qué pasa con la promesa del Señor, dónde anda el Reino? ¿Cómo he enfrentado la situación desde mi condición de ciudadano/cura?

Voy a referirme a lo vivido en mis últimos cuatro años, los que corresponden a mi nuevo destino pastoral al margen ya de la actividad educativa con jóvenes estudiantes de Magisterio a quienes trataba de abrir las mentes a unas realidades muchas veces ocultadas por el sistema y a opciones coherentes con el evangelio (Sociología de la educación).

Voy a “desempolvar” papeles, o mejor “archivos”, como dicen hoy en día. Y digo esto de desenvolver papeles porque por suerte, o quizás por desgracia, no he tenido “contacto epidérmico” con la gente que lo está pasando mal. Uno de nuestros (¿o es solo mío?) peligros es que la “actividad pastoral/sacramental” nos absorba. El contacto con las situaciones de pobreza lo vivo “mediado” por las voluntarias de Caritas y de Pastoral de la Salud, escasamente  en directo. Se nos llena la boca con el “oler a oveja” y la verdad es que no están fácil ni habitual –olemos más a Rioja y a Heraclio Fournier”, por desgracia-. No me resisto a citar estos textos de Franciso que tanto me está haciendo pensar: EG 27. Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad. Como decía Juan Pablo II a los Obispos de Oceanía, «toda renovación en el seno de la Iglesia debe tender a la misión como objetivo para no caer presa de una especie de introversión eclesial» y EG 33. “La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del «siempre se ha hecho así». Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”.

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