FANTASÍA O REALIDAD

Resultado de imagen de fantasíaEstamos en fechas navideñas… vacaciones escolares, villancicos, reencuentros familiares…

Es evidente que el motivo central de las vacaciones navideñas es cristiano: el nacimiento de Jesús de Nazaret.

Pero… ¿y los no creyentes? ¿No pueden vivir lo central de la Navidad? ¿Cuáles serían sus verdaderas “navidades”?

Hay respuestas típicas y tópicas a estas preguntas. Algunos dirían que el motivo central de la Navidad es vivir el amor, vivir la familia, encontrarse con los seres queridos.

Todas esas respuestas tienen parte de verdad y probablemente sean ciertas.

Pero me parece que hay un sentido profundo que la Navidad rescata del fondo de nuestro pragmatismo cotidiano y malhumorado: la fantasía.

Vivimos calculando, aplicando criterios racionales y científicos para que nuestra vida sea más eficaz y eficiente. ¿Qué pasaría si de nuestra vida desapareciera la fantasía, la ilusión, la imaginación? Nuestra vida sería plana, opaca, oscura, gris, triste… sin horizontes, ni ventanas abiertas al futuro, sin esperanza.

No habría proyectos innovadores, ni sueños que nos hacen grandes, ni retos aparentemente inalcanzables que rompen las barreras de lo que parece posible. Ni siquiera podríamos construir una casa, porque no habría planos que salen de la imaginación, ni libros, ni películas, ni música, ni poesía… seríamos una narración plana e insulsa. Como hombres y mujeres grises que caminan por la vía de la desilusión, plana y sin profundidad.

La Navidad nos recuerda la importancia de la fantasía. La importancia de la ilusión, de la esperanza. La fantasía no es sólo una cosa de niños, una cosa a desechar por infantil e irrelevante. No. Es el motor de la vida que hace posible que cambiemos, que seamos mejores porque nos soñamos mejores, que construye futuros mejores, que nos hace salir hacia lo inalcanzable, hacia lo irrealizable.

Los no creyentes, al igual que lo creyentes, debiéramos valorar y recuperar la Navidad como el tiempo de la fantasía. El tiempo de “creer”, de esperanzarse, de ilusionarse. De creer en que aunque parezca irrealizable lo podemos conseguir.

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