JESUCRISTO SUPERSTAR 2

Seguimos con las entradas sobre Jesucristo Superstar.

En la entrada anterior hablábamos de la visión de Judas, que corresponde con la visión postmoderna de la actualidad. En esta concepción del mundo las personas suelen acabar desesperadas, decepcionadas… en una profunda visión pesimista de la realidad encubierta con dosis de cinismo y escepticismo ácido.

Ahora vamos con otra visión sobre Jesucristo, que paradógicamente acaba igual que la de Judas.

2. Simón Zelotes

Aconsejo, en primer lugar, oír la canción y luego leer la interpretación que sigue:

Canta Simón Zelotes, discípulo de Jesús. Un hombre rudo, de buen corazón, al que las injusticias y los sufrimientos de la buena gente no dejan indiferente.

En este mundo nuestro hay mucha gente así. Eso es bueno. Pero tiene un inconveniente… se quedan en lo material, físico. Actúan desde el voluntarismo y se “queman” más pronto que tarde. Acaban, al igual que Judas, desencantados con el compromiso por construir un mundo mejor, acaban decepcionados, deprimidos, desesperanzados, instalados en la finitud, aburguesados…

Simón Zelotes mide la transformación personal y social que propone Jesús con el anuncio del Reino de Dios en términos de fuerza, de poder terrenal, de derrocamiento del régimen político injusto, propone la destrucción del poder de Roma, para dejar de ser esclavos.

¿Es esto necesario? Claro. El problema es el desde dónde se hace. Cierto que es justo y bueno hacer de este mundo un poco mejor, más justo, más pacífico, más humano… pero si se pierde la visión trascendente, si se pierde la convicción de que las propias fuerzas no bastan, lo más probable es que se acabe tirando la toalla.

Precisamente la fe en Jesús de Nazaret hace que la motivación de fondo sea la convicción de que no todo está en nuestras manos, de que aunque los proyectos de liberación no fructifiquen tan rápido como nos gustaría, de fondo está el proyecto de salvación del Dios de Jesús.

Junto a este rasgo que destaca en la canción de Simón Zelotes, tenemos también reflejado un rasgo identitario de nuestra era… el individualismo.

No importan los demás. La pregunta fundamental es ¿me salvaré yo? Parece lógico pensar que si yo he contribuido a la mejora de este mundo, merezco mi justo premio: la salvación.

En Inglaterra se ha creado un nuevo ministerio de la soledad. Parece que la soledad está revelándose como la nueva peste del mundo moderno. ¿Por qué? Porque el individualismo, la idea de que sólo debo mirar por mí (y los míos), ha proliferado hasta convertirse en un lugar común, en una experiencia asumida por todos como normal.

Simón Zelotes representa la idea de querer cambiar el mundo “por puños” y la idea de que quien hace las cosas bien merece su justo premio. Lo contrario sería injusto de raíz.

Sin embargo, ¿no es esta una visión que olvida que no todo es cuantificable?. ¿Cuánto amor debo dar para recoger mi justo premio? ¿Pueden medirse los valores o los sacrificios que los padres hacen por sus hijos,-as? Parece que no.

La negación de la trascendencia es en Judas explícita, pero en Simón Zelotes se da también una negación de la trascendencia, sólo que de manera implícita.

A este propósito escribe san Ignacio de Loyola: «Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios» (cf. Pedro de Ribadeneira, Vida de san Ignacio de Loyola)

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