JESUCRISTO SUPERSTAR 5

Termino ya las entradas sobre JESUCRISTO SUPERSTAR con lo últimos momentos de Jesús en la tierra.

Aconsejo escuchar las canciones, con tiempo, y luego leer los comentarios.

    • La última cena

Jesús realiza el famoso gesto de bendecir el pan y el vino, ofreciéndolo como su cuerpo y sangre, al tiempo que hace dos anuncios: la traición de Judas y la negación por tres veces, de Pedro.

La canción empieza como una balsa de aceite. Es la calma que precede a la tempestad.

Tras las bendiciones, la tensión crece y Jesús duda de que le vayan a recordar. Es aquí donde anuncia la traición y la negación. Debe ser complicado saber que tus planes se van a torcer y mantener la calma. Judas quiere justificarse, quiere dar razón de su traición. Es este, quizá, el recurso psicológico más antiguo para tranquilizar la conciencia. De hecho hay una secta, los cainitas, que interpretan esta acción de Judas como “buena”, necesaria para la salvación de la humanidad.

En el fondo, los discípulos siguen sin entender el verdadero proyecto de Dios. No entienden, porque sólo después de los acontecimiento que van a vivir y de la Resurrección van a ser capaces de entender la verdadera misión de Jesús.

    • Getsemani

Esta canción no tiene desperdicio. Tanto en su letra como en su música. Es quizá la introspección psicológica más profunda de la obra.

Se presenta la duda de Jesús. Tiene que decidir si seguir con el plan trazado por su Padre, o, por ejemplo, escapar de Jerusalén y salvar la vida.

La intensidad de la canción acompaña a la perfección el dolor interno de Jesús. Se enfrenta a la muerte. Es inevitable ver la muerte como fracaso, como término, como final desastroso. Ante este fracaso, la duda de si debió hacer mejor las cosas le asaltan. Y sobre todo aparece el ¿por qué? Ese gran interrogante humano que dota de sentido a la acción humana. Sin por qué no hay sentido, no hay motivo, no hay intención, no hay misión. La incapacidad de responder al por qué último de nuestra existencia, angustia, paraliza, deprime, hace sufrir.

Al final, Jesús decide seguir el plan de Dios. Acepta morir. Pero pide al Padre que cuando muera le mire. La mirada aparece como el gesto más significativo de reconocimiento. Somos reconocidos cuando nos miran. El niño pequeño constantemente está reclamando a sus padres, “mira lo que hago, lo que digo”. En la mirada de los demás cobramos identidad y sentido. Cuanto más en la mirada del Padre. Jesús necesita este reconocimiento. Se lo reclama a su Padre.

Tras la aceptación de su destino, cae la música y casi en un susurro, Jesús se muestra cansado y triste. Le pesa la decisión, le pesa la misión. Aflora también el miedo al arrepentimiento y las lógicas sensaciones de desconcierto y aceptación de las consecuencias.

    • El arresto

Jesús, a partir de esta canción, recupera la calma, y sus intervenciones van a ser siempre calmadas, tranquilas, sin aspavientos. La aceptación es total, asume su destino y deja que los acontecimientos transcurran, sin cuestionar más, sin más preguntas. Sólo aceptación.

Con un beso Judas traiciona a Jesús. Los discípulos no saben qué hacer. Pedro quiere luchar, defender a su maestro. Pero Jesús lo para. Las luchas sólo engendran más luchas.

Aparece un coro que pregunta a Jesús qué va a hacer. Como si quedaran preguntas dentro de Jesús. Quizá fuera así. ¿Al final me salvaré? ¿Cuál ha sido el gran error? ¿Convenceré a la gente? ¿Lucharé por el poder? Lo apresan.

Ante Caifás Jesús no niega las acusaciones de falso testimonio que realizan sobre él. El Sanedrín, que no podía condenar a muerte sin el consentimiento de Roma, le lleva ante Pilatos para que lo sentencie a muerte.

Jesús ya no hablará. Al tiempo que Jesús calla ante Herodes y Pilatos, Pedro le niega tres veces.

Pilatos se desespera ante la tranquilidad y el silencio de Jesús. Herodes se ríe de Jesús y lo manda a Pilatos de vuelta. Pilatos ante la presión del Sanedrín y la gente, lo tortura y lo condena a morir en la cruz.

Merece la pena escuchar las tres canciones seguidas:


Jesús, en el segundo juicio ante Pilatos dice que su Reino no es de este mundo. Además Pilatos le hace la famosa pregunta sobre la verdad. ¿Qué es la verdad? ¿Es mi verdad, la tuya, es una ley? “La verdad os hará libres” (Jn 8, 31-38). “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6).

Pilatos no quiere firmar la sentencia de muerte de Jesús. Por eso, con la esperanza de que la gente cambie de opinión, lo manda azotar 40 veces. Además presenta a Barrabás, un asesino, para cambiarlo por Jesús (omitido en la obra). Pero la gente sigue pidiendo la muerte de Jesús. La voz de Pilatos está desgarrada. Entre temeroso, incrédulo, perplejo. Cede ante la presión de la gente, pero se lava las manos ante su decisión.

    • La crucifixión

Todo termina ya. Casi sin música, en silencio sonoro, la obra se arrodilla ante Jesús crucificado. El sobrecogimiento es inevitable. Cristo crucificado agoniza. Se acuerda de su madre, la llama. Clama a Dios “¿por qué me has abandonado?”. Grita sediento. Sus ultimas palabras… “todo se ha cumplido. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Suenan las cuerdas, sobre todo los violines. Es el momento de la muerte, recuerdo de todo lo vivido. Ya todo parece tan lejano. ¿Habrá merecido la pena? Los motivos musicales de la obra se repiten como si sobrevolaran sobre el público. Es el eco de la vida de Jesús, ahora muerto, crucificado.

    • Jn 19,41-42

Sólo música. Como una obertura invertida.

Jn 19,41-42: “En el lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, donde todavía no se había depositado a nadie. Allí pusieron el cuerpo de Jesús, porque el sepulcro estaba cerca y porque ya iba a empezar el sábado de los judíos”.

No se cuenta la resurrección, pero son 2 minutos y 38 segundos de música que recuerda los motivos musicales de la obra, tocados ahora con todo el lirismo del mundo, dando a entender que no se ha acabado.  Y la tuba termina la obra, evidenciando la esperanza que se abre ante lo vivido. La muerte no puede tener la última palabra.

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