LA COHERENCIA COMO CLAVE DE LA EDUCACIÓN

Hace 7 años que fui por primera vez padre y hace casi 3 que lo fui por segunda vez. Esta experiencia hace que veas las cosas desde otra perspectiva, por lo menos en mi caso.

A partir de la consciencia de la propia paternidad, el futuro se plantea en clave de responsabilidad, como si de repente uno fuera responsable de lo que pase en el futuro sobre todo porque será el hoy que vivirán tus hijos.

Todas las acciones del hoy adquieren una dimensión de futuro y proyección intencional que ejercen de juez censor de la bondad o maldad de lo que se hace en el hoy.

Uno se convierte en modelo de referencia para el comportamiento y desarrollo cultural y moral de los hijos. De alguna manera, imprime el molde que será reproducido más o menos fielmente por los hijos. ¡Qué responsabilidad!

Acciones antes nada censurables por el grupo de interacción social en el se vive, como puede ser la cuadrilla o el grupo de clase, se convierten ahora en acciones vetadas y tabú. Costumbres como decir tacos para enfatizar las propias opiniones y convicciones, las propias incoherencias que antes no dejaban de ser algo risible, las salidas de tono, las libertades privadas de mandar todo a la mierda aunque sólo sea por unos cinco minutos… todo eso queda relegado al baúl de los recuerdos y reprimido por la imperiosa necesidad de dar testimonio impoluto de lo que debiera ser el buen comportamiento.

Pero… ¿es esto sano? Además, ¿es necesario? Creo que no.

Lo verdaderamente necesario, bajo mi punto de vista, no es aparecer ante los ojos de los hijos e hijas como héroes o heroínas intachables moralmente, sino ser coherentes con los propios planteamientos. Todos somos seres humanos, es decir, somos seres que cometemos errores, injustas valoraciones, que tenemos nuestros límites y precomprensiones que en ocasiones se convierten en prejuicios.

Lo importante es admitirlo, hacerlo consciente y ser todo lo coherente que uno puede ser. La solución no es negar nuestros límites, negar nuestros errores, negar nuestra humana condición limitada y contingente, sino reconocerla y vivir con autenticidad y coherencia dentro de ella.

Es mucho más testimonial y educativo reconocer que uno que se ha equivocado y pedir perdón, si es el caso, que negar que la equivocación a llegado a la vida de uno.

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