LOS LAICOS Y EL NO

La definición de los laicos,-as empieza casi siempre por “no”… no es religioso, no es sacerdote, no es religiosa, no realiza los votos de castidad, obediencia y pobreza… Parece que el no, está en el ADN identitario del laico,-a, como si formara parte de su identidad más honda, más constituyente, más porosa, enraizada en la realidad de su ser en la Iglesia.

La moral, la espiritualidad… todas aquellas disciplinas que han afectado a la identidad del ser en la práctica de la vida religiosa han sido planteadas, desarrolladas, construidas a la medida de los varones, célibes, pobres y obedientes.

El traje hecho a medida de los ideales religiosos construidos desde las celdas unipersonales, célibes y obedientes, quizá no lo puedan llevar las laicas y los laicos. A las laicas y los laicos que no son célibes, ni pobres, ni obedientes… el traje les viene desmangado, desencajado, desajustado… mal hecho.

Y ¿entonces? Muchos laicos y laicas han optado por vivir su moral y espiritualidad en el traje marcado por los “expertos” de la moral y la espiritualidad. Ilustres hombres de la Iglesia, célibes, pobres y obedientes.

Si miramos los santos y las santas de la Iglesia, difícil será encontrar laicos y laicas, alejados de instituciones célibes, pobres y obedientes, que lo sean. Lo pocos y pocas que hay, se parecen “sospechosamente” al ideal espiritual y moral forjado por los consabidos “maestros”.

Pregunto entonces… ¿necesita el laico y la laica su propio traje espiritual y moral? Un traje cuyo sastre haya vivido la vida matrimonial, la de la familia con hijos e hijas, los trabajos balbuceantes, las inseguridades de tener que llegar a fin de mes con un sueldo ajustado, la espada de Damocles de las facturas, letra hipotecaria, extraescolares, meriendas por la tarde en el parque, pataletas inmisericordes un día de lluvia por la tarde, carencia de tiempos personales y privados, días interminables, ocupaciones tan dispares como comprar la leche para desayunar, redactar un informe, cuidar de la relación de pareja, tener la paciencia de un padre-madre a la altura de las circunstancias…

¿Cuál sería entonces la espiritualidad de la laica y el laico?

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