UNA IGLESIA QUE NO SIRVE, NO SIRVE PARA NADA

Después de la celebración del Concilio Vaticano II se puede decir que dentro de la Iglesia católica se configuraron dos grandes corrientes: la progresista y la conservadora.

Los papas anteriores, sobre todo Juan Pablo II, han personificado la corriente conservadora, potenciando movimientos, comunidades y grupos eclesiales como el Opus Dei, Los legionarios de Cristo o los Carismáticos.

El papa Francisco intenta superar esta dicotomia situándose en un mensaje claramente evangélico de inserción en el mundo, desde análisis muy agudos y una constante actitud de humildad y autocrítica… ¿hay algo más avangélico?

La Iglesia, desde esta visión evangélica, no debe estar tan preocupada por sus instituciones, sus edificios, sus inmuebles, sus bienes… sino más bien debe estar preocupada por estar en el mundo, sobre todo con las personas que sufren más, con los más desfavorecidos, con los más pobres.

Oigamos unas breves palabras del papa Francisco a este respecto:

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