RELIGIÓN… FUERA DE LA ESCUELA

He titulado esta entrada de esta manera bastante provocadora para hablar de algo que vengo pensando desde hace un tiempo.

¿Cuál es la función de la escuela? Esta es una pregunta que los docentes debiéramos hacernos en algún momento de nuestra actividad diaria en el aula.
Bajo mi punto de vista la escuela es un taller de interpretación del mundo. Es donde los alumnos y los profesores vamos aprendiendo a interpretar, entender, situar en perspectiva cultural los acontecimiento fundamentales de nuestro mundo. La escuela debiera ayudar a los alumnos a entender el mundo en el que vivimos y a comprender los acontecimientos que él transcurren. Por ejemplo, debiera responder a preguntas como ¿por qué el planeta está dividido entre países ricos y pobres? ¿por qué EEUU es la primera potencia mundial hoy? ¿por qué no ha sido así siempre? ¿por qué las mujeres y los hombres son iguales si son de sexos distintos? ¿por qué en Europa hay cristianos que no son católicos?
En fin… la escuela debiera ser un laboratorio de interpretación del mundo.
¿Y lo es? Creo sinceramente que muchas veces, en demasiadas ocasiones, no lo es.
Entonces, si la escuela debe ayudarnos a entender el mundo, ¿las asignaturas qué deben enseñar? ¿qué contenidos deben trabajarse? ¿deben enseñarse sólo materias de corte tecnológico o deben introducirse elementos de cortes humanista?
Es aquí donde creo que debe entenderse la asignatura de religión en la escuela. La religión (como catequesis o iniciación a la fe) no debe estar en la escuela como asignatura pero sí la teología, es decir, la teoría de la religión, porque es necesario también situarse y entender interpretando el hecho religioso y sus manifestaciones a lo largo de la historia de la humanidad. La relevancia del hecho religioso en la persona, así como su importancia cultural e histórica es evidente.
Por eso hay que reivindicar la teología como asignatura en la escuela, al mismo nivel que cualquier otra asignatura que nos ayuda a entender el mundo. Creo sinceramente que nadie puede argumentar, desde posiciones sensatas y cabales, que este mundo pueda entenderse sin comprender las claves de religión del mismo. Pues por la misma razón la teología debe tener un sitio de propio derecho entre las asignaturas de la escuela.
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